sábado, 18 de diciembre de 2010

CAPÍTULO E. ¡Oh mundo de ilusiones!


Mañana soleada y calurosa sienten mis receptores al despertar. Aturdido por miles de trinos de aves silvestres migratorias; me siento en el borde de mi cama y reflexiono: Así como éstas aves solo vienen por temporadas a nuestra región, de igual forma nos pasa con todo en nuestras vidas: Trabajo, Amor, Enfermedades y un sin número de variables que pasan y no nos damos cuenta que sólo somos capaces de anhelar estabilidad y sedentarismo cuando todo lo que sucede a nuestros alrededores y aún más dentro de nuestros cuerpos no es más que nomadismo puro.

El amor, tema bastante delicado pues pasa de manera muy rápida, como flashes de luces incandescentes que en esos momentos solo dejan que quede el recuerdo de la encandilada y no de lo que consigo ella aportó. Sentimiento bastante incomprensible y que aparece repentinamente, sin aviso y nos hace cometer los más grandes errores que podamos llegar a hacer en nuestras vidas… Si, el amor, estado de locura que afecta nuestra mente y claridad, estado considerado enfermedad mental que es capaz de trastornar nuestras reacciones físico-químicas y dejarnos a la deriva con una razón bastante confusa y poco confiable.
Oh mundo de ilusiones que causa el amor, nos hace creer en falsos planes, nos hace sentir únicos, exclusivos, portadores de gran felicidad… pero… ¡No! Nada de eso es real, es solo el torrente de hormonas en la sangre que hace que nuestro cerebro se confunda y pensemos que el oasis en medio del desierto, existe. Es ese torrente el que nos hace ser quienes no somos y tal vez, nos obliga a tomar decisiones que hacen daño a nuestro prójimo bajo el consuelo: Pero yo no pedí esto, simplemente sucedió.

Si la capacidad de suprimir la producción hormonal durante el enamoramiento fuera posible, nuestras vidas y las de nuestro prójimo… les aseguro que serían mucho más fáciles, concretas, estables y placenteras.

sábado, 17 de abril de 2010

Capítulo D. El templo se ha edificado

¡Qué grato es acostarse en las noches con la plena seguridad de que nuestro pasado ha sido superado, dejando consigo una mínima cicatriz que marque nuestra psique y nuestro cuerpo, haciéndonos poseedores de un gran estado de tranquilidad física y mental, permitiéndonos pasar las noches más placenteras y de descanso jamás vividas!


Se describe este capítulo como nada más que la gran expresión del no temor al pasado, del haber puesto el amor personal sobre el que se le pudo alguna vez brindar al prójimo.


¿Sabías que superar el pasado tormentoso no es cuestión de proponérselo?, es simplemente saber pararse sobre las hormigas que mortifican tu pie y aplastarlas con solo un apoyo fuerte contra el suelo. Ese apoyo o fuerza se representa en nuestras vidas a diario por nada más que nuestro amor propio.

Describamos amor propio como aquél sentimiento que nos permite poner nuestra tranquilidad mental y física sobre cualquier otro sentimiento que nuestros cuerpos o mentes deseen dejar salir a flote, se trata de no dejar que terceros, leámoslo bien, TERCEROS, sean mucho más que lo primero. Lo primero se representa por el templo edificado sobre nuestro cuerpo y nuestra mente.


Nuestro templo es valioso, poseedor en su interior de un sin número de beneficios tanto personales como interpersonales, en su sagrario yace un amplio abanico de sentimientos esperando a ser tomados luego de haberse sometido a un examen de conciencia y a la propia confesión, donde nuestra conciencia por encima del sentimiento actúa como Confesor no permitiéndole la comunión al agresor.


No es fácil llegar a entender como los sentimientos se comportan en nuestros cuerpos, siempre tratando de comparar el torrente de hormonas liberadas por otros con los nuestros, pero una vez comprendemos que somos únicos e irrepetibles acertamos en tejar nuestro templo, en darle el toque final y solo permitir el acceso a él por la puerta destinada a tal fin.

sábado, 30 de enero de 2010

Capítulo C. Blanco y negro teñido en policromía


¡Vida efímera, oscurecida y llena de decepciones! Es cierto que solo vemos la vida en colores cuando algo realmente bueno y notable al prójimo nos sucede. Pero, ¿nos hemos dado cuenta que a veces en los estados monocromos de la misma nos estamos enriqueciendo y llenando del más amplio espectro de colores conocidos? Se trata de saber apreciar el color que nos presentan las situaciones que vivimos a diario, nuestra existencia es como un libro para colorear de esos que encontramos en los supermercados y abordan la atención de todos los chiquillos. Solo nosotros podemos decidir el color de nuestra suerte, es por eso, que nuestros bloqueos mentales nos encierran en una celda fría, monocromática y reducida en tamaño.
El amor, ¡Jah! ¡El llamado amor! Sí, ese que te encierra en esa pequeña celda y la tintura de un color diferente a diario mientras la figura humana a la cual dices amar se encuentre como guardián de la misma; ese conjunto de sentimientos son los que más te condicionan la vida, te obliga a ser quien no eres y a decepcionar no solo a ti mismo sino a los que en realidad aprecias, amar no es conocer esa celda, es cuando alcanzas a ver los colores de una bella siembra de flores desde lo alto de una montaña en medio de la libertad y amplitud del mundo, cuando se alcanza a distinguir cada uno de los colores del arcoíris al tiempo y si lo sigues con la vista, al final encuentras al ser amado y no al guarda de tu frívola celda.
La soledad, tenebrosa y oculta, poco la queremos aceptar, pero no alcanzamos a reaccionar sino hasta que la probamos y descubrimos que no tintura de un solo color, simplemente ayuda a que borres tus bloqueos y seas capaz de dejar nuevamente tu vida en bosquejo, a la espera de que esta vez las pinturas a usar sean más que blancas y negras.
Todos, absolutamente todos somos los artistas de nuestras vidas, las influencias de otras corrientes artísticas pueden llevar una obra a ser sublime o bien las convierte en aquellas que no tienen espacio para ser presentadas en una galería pública, llevándolas a su propia tumba.

lunes, 25 de enero de 2010

Capítulo B. Diario de una Ilusión

¡Qué placentero es levantarse en las mañanas, poner los pies sobre las frías baldosas que cubren nuestras habitaciones y pensar en los seres queridos; ¡sí!, en los padres, esos que todo por ti lo dan y poco reciben a cambio! Así comienzan mis días regulares, con un par de llamadas a mis padres, recordándoles cuanto los amo y cuanto los extraño…


…Por otra parte, en el transcurrir de los crueles minutos del tiempo en incansables sonidos de tic tac del reloj, pasan por nuestras mentes miles de pensamientos, algunos que aluden nuestra psique y otros que nos afectan hasta en lo físico. Se trata de aquellos pensamientos que nos suben al paraíso y nos recuerdan que estamos vivos y nos llenan de ambición, de ganas de seguir adelante, de no querer parar de amar, de querer encontrar esa felicidad absoluta pero no infinita.

No todo es colorido en las ilusiones, muchas aunque se tarden en preparar, a la llegada de la hora final se caen como gotas de lluvia en una tarde de invierno embestidas por el duro y macizo pavimento. ¿Hay algo que afecte más nuestro ser que el ver derrumbarse una ilusión como un castillo de naipes con el soplar de una leve brisa de verano? ¡Pues NO! No lo hay, nuestras vidas se rigen por la ilusión y no por el camino del destino; el que ambiciona, intenta. El que intenta muchas veces triunfa y si no lo hace simplemente adquiere puntos de experiencia para seguir intentándolo.

Es así como se definen las decisiones a tomar en la vida, cuando el castillo de naipes se derrumba muchas veces lo reconstruimos y si vuelve a caer, simplemente reemplazamos los naipes por fichas de dominó, fuertes y elaboradas en fino marfil. La vida no se trata de quedarse en el mismo punto, si los naipes eran muy débiles debimos entonces encontrar un material más fuerte, con mayor adhesión y resistencia al soplo del cálido viento.

Todos tenemos momentos de gloria en nuestra vida, caminos llenos de baches y autopistas con más de una salida para tomar. Es por eso que cuando la hora de tomar decisiones llega hay que hacerlas, dejar el sentimentalismo de lado y escoger lo que más nos conviene para escalar la cima al éxito....

Capítulo A. Glorioso día he visto ya!!!

Resta decir que en un día como hoy, lleno de esperanzas, color y un leve sentimiento de felicidad he podido descubrir que el placer es de carácter mental, que no se necesita pareja o compañía permanente para sentirlo, vivirlo y llenarte de un torrente de endorfinas que te producen esa sensación de bienestar.

¿Podemos creer en el amor? Me permito decirles mis lectores, que el amor no mata sino que fortalece. Pero, ¿realmente estás seguro de que lo que sientes es amor? ¿No te parece que a veces ese conjunto de sentimientos que te lleva a pensar en estar enamorado no es más que obsesión, costumbre y celos hacia lo que alguna vez te produjo placer y desataba tus endorfinas como pequeños nanobots que se aferran a cada célula de tu humanidad haciéndola estremecer en grandes torbellinos de lo que solemos llamar “felicidad”? Amar, amar es sentirse pleno, lleno, autocontrolable en medio de una paz temporal, mientras se pasa ese estado de locura mental que solemos llamar “amor”.

Amor no es desvelarse, llorar, sufrir, especular y perseguir. Para amar se necesitan dos, si uno del par no ama, pues el otro por mucho que lo intente no puede alcanzar el punto cumbre de ese sentimiento. Jugar al amor, es más fácil pero dañino con consecuencias desfavorables mentales y físicas, el engaño produce reacciones mentales desatadas por un conjunto de descargas eléctricas sobre nuestro sistema nervioso anestesiando las neuronas y cegando esa parte fundamental de nuestro cerebro con capacidad para discernir entre la realidad y la ficción llevándote a esa fuerte reacción inesperada pero deseada y permitiéndote cambiar tu mundo por aquél lleno de paz, tranquilidad, rodeado de quien realmente te valora, te quiere y se preocupa por tu realización personal y profesional.

Se puede decir que confundirse con el amor es ponerse a prueba en medio de la obsesión para así concluir que el deseo no es amor y puede ser tu perdición.